Lalywood

Laly Alejandra Balcazar Arevalo, caleña, la menor de dos hermanas y bailarina desde siempre, ha recorrido el mundo rompiendo prototipos, una mujer creadora que es intersección de culturas.

Desde niña participó en grupos de danza. Vivió 15 años en Francia, en el 2006, se trasladó a la Isla de Reunión y allí tomó la elección de seguir su pasión, conectarse con el entorno y la divinidad a través de la alegría que le da danzar.

Durante el tiempo que ha vivido en la India, se siente en casa, logra descifrar toda esa cultura con los ojos del alma. El hecho de ser latina,  vivir más de una década en Europa y luego conocer la India, le ha permitido ver sin prejuicios  todas las culturas, extraer de cada una lo más hermoso, convertirse en una mujer sabía que observa sin juzgar, que va más allá de la estética y las comodidades, que logra valorar la riqueza espiritual, respetar todas las creencias y ser portadora de un mensaje que invita despertar, a mantener la conciencia, a respetar al otro por la divinidad que vive en él y a crear un entorno de armonía.

Toda esta aventura la ha compartido al lado de su esposo David y sus hijos Mariam y Arthur,  quienes han observado su evolución, estos últimos sin duda, han   experimentado momentos complejos al verse obligados a compartir el tiempo de su madre con los estudiantes de la escuela Saravasti y su dedicación al ser maestra. Pero también han recibido el regalo de experimentar un amor más universal, una familia que se expande más allá de los vínculos de sangre, porque logran crear verdaderos lazos de hermandad, con los que llegan a la escuela llenos de curiosidad para aprender de la cultura Indi y su danza.

Durante el 2017, tuvo que enfrentar el desafío de superar una lesión que la incapacitó por varios meses, lo cual le permitió descubrir su fuerza interna. Dice Laly, “decidí creer en mi destino y dejar todo en manos de la divinidad”. Mientras esperaba la decisión de si era necesaria una cirugía, pudo darse cuenta de la madurez de sus alumnas de Danza Clásica Odissi a las que seguía orientando y corrigiendo posturas  desde su silla de ruedas y contó con la valiosa ayuda de su hija, quien se hizo cargo de la mayoría de sus clases. Todo esto la impulsó a realizar sagradamente todos los cuidados necesarios para retomar su rutina diaria de entrenamiento personal de una
hora y treinta minutos, sin contar las cuatro horas adicionales de danza junto con sus estudiantes, así que cuando volvió al escenario estaba colmada de gratitud y con más ganas que nunca de continuar haciendo lo que la  hace feliz: Danzar.

Uno de desafíos que enfrenta Laly día a día es la clasificación cultural, ya que para muchos dedicarse al arte es un hobby y no se cataloga como una profesión económicamente viable. Laly ha roto con esa creencia y dice con alegría, “tengo la suerte de vivir del arte y de hacer lo que me apasiona realmente, eso hace que sea una persona feliz y que todo fluya”.

A través de la danza ha encontrado paz y bienestar en su vida, para así contagiar de entusiasmo a mujeres de todas las edades (desde 5 hasta 72 años) logrando unir en un mismo escenario múltiples generaciones, a través de los ritmos clásicos y modernos de la India, en un espectáculo que crea y transmite magia.

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